miércoles, 27 de enero de 2010

Ideas, tres taxistas

DSC00205.JPGNo puedo más, sí, sí, si puedo. -dijo- sin notar la cantidad de sangre que había derramado. Sólo se levanto, miró el horizonte y comenzó a caminar. Siguió así durante algunas horas, más de las que cualquiera hubiese conseguido andar. El sentido de estar por ahí; de ser era oscuro. Nada, absolutamente nada, tenía sentido. Si no lograba comprender las causas mucho menos los efectos.



La luz solar se difuminaba cuando en el horizonte se dejaron ver signos de vida. Era un rancho de pocos habitantes y extensas tierras. La distancia entre una casa y otra era de centenares de metros. Más por las ideas que le carcomían que por salvar la vida logró llegar a la primera de las casas, aunque, en el mejor de los casos, parecía un lugar donde alguien desesperadamente había logrado instalarse para dormir una noche. Con voz trémula, seca y apenas audible, dijo: ¡Buenas noches! Aunque lo decía mecánicamente, obligado por una tradición cultural que a esas alturas salía proyectada desde el inconsciente para salvar la vida.




A la exclamación siguió un silencio sordo y agudo e insoportable. Que inmediatamente, con mayor convicción, repitió:¡Buenas noches! Agacho la mirada y, murmuró -si hubiese vivido-.







Al momento de mirar cuán lejos estaba la próxima casa. Un rostro claroscuro en la carencia de luz, se le reveló, como se nos revelan las grandes ideas.







-Qué quiere -le dijo con autoridad y machete en mano-.



-Que me ayude, contesto suavemente.


-Si no me dices a quién o que es lo que jodidos buscas (silencio), te mato, me oyes, te mato -gritó-.


-¡Ayúdeme! Máteme, se lo súplico, hágalo. Ordenó desfallecido.






La seguridad del campesino se derrumbo. Se dijo, ya no sé que chingados pasa, aquí nosotros nos partimos el lomo por vivir y este se apresura a morir.




-¿Qué te pasa? le dijo.


-Nada.


-Me gustaría ayudarte, pero yo no mato a cobardes y ni tengo en mi casa cómo atenderte, así es que mejor vállase.


-Pero cómo así.


-Pues como llego.


-No me entiende.


-Pues...



Todavía no terminaba de hablar cuando se derrumbo aquél que clamaba su ayuda.





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